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La audición es la vía habitual para adquirir el lenguaje, uno de los más importantes atributos humanos. El lenguaje es la principal vía por la que los niños aprenden, y desempeña un papel central en el pensamiento y el conocimiento.
La sordera es un impedimento severo cuyos efectos transcienden ampliamente la imposibilidad de hablar.
El diagnóstico precoz y la rehabilitación adecuada previenen la consecuencia más importante de la hipoacusia infantil: crecer sin un lenguaje.
La hipoacusia se define como la disminución de la percepción auditiva.
Según el grado puede ser leve, moderada, severa o profunda.
En la hipoacusia leve sólo surgen problemas de audición con voz baja y ambiente ruidoso.
En las moderadas se aprecian dificultades con la voz normal; existen problemas en la adquisición del lenguaje y en la producción de sonidos.
En las severas sólo se oye cuando se grita o se usa amplificación. No se desarrolla lenguaje sin ayuda.
En las profundas la comprensión es prácticamente nula, incluso con amplificación. No se produce un desarrollo espontáneo del lenguaje.
Según el tipo, la hipoacusia puede ser de transmisión, neurosensoriales o mixtas.
Atendiendo al momento de producirse la pérdida auditiva, las hipoacusias se clasifican en prelinguales, en las que la lesión se produjo con anterioridad a la adquisición del lenguaje (0-2 años), perilinguales, cuando sucedió durante la etapa de adquisición del lenguaje (2-5 años) y poslinguales cuando la pérdida auditiva es posterior a la
estructuración del mismo.
Naturalmente, cuanto más precoz sea la pérdida, tanto más grave.
Las principales causas de sordera infantil son: genéticas o adquiridas.
Dentro de las adquiridas se encuentran:
• Infecciones Otitis a repetición, meningitis bacteriana, paperas, mastoiditis
• Congénitas: toxoplasmosis, rubéola, citomegalovirus, herpes simple, sífilis
• Hiperbilirrubinemia
• Prematurez
• Ototoxicidad por fármacos
• Traumatismo de cráneo: rotura timpánica, luxación de los huesecillos, fractura del temporal
• Trauma acústico
Frecuencia
La prevalencia de la hipoacusia en el recién nacido y el lactante se estima en 1,5-6,0 casos por 1.000 nacidos vivos. En niños que sufren determinados factores de riesgo, la incidencia puede elevarse hasta un 4% para hipoacusias severas y del 9% si se suman las leves y las unilaterales.
Detección
Cuando la detección no es precoz, la edad media del diagnóstico es alrededor de los tres años.
Dos son los factores que afectan negativamente el pronóstico del deficiente auditivo, uno es la severidad del cuadro y el segundo, el tiempo transcurrido hasta el diagnóstico.
Es importante comenzar la adaptación audiofonética y la educación especializada tempranamente.
La base de la prevención de la hipoacusia es:
DETECCION TEMPRANA » DIAGNOSTICO PRECOZ » TRATAMIENTO
ASESORAMIENTO MEDICO:
Dra. Leonor C. Corbella - Directora Médica de O.S.Le.R.A.
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